El empleo en las PYMES: ¿motor de la economía?

Sofía Moreno y Fernando Baeza

 

En el debate político marcado por las elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre próximo, el curso que debe tomar la economía chilena ha sido un eje de fuertes disensos entre los diversos sectores que se disputan cargos de representación. En este contexto, uno de los pocos puntos de consenso entre los actores involucrados, ha sido el importante rol que juegan las pequeñas y medianas empresas (PYMES) en el país, y la importancia de fomentar su desarrollo y crecimiento. ¿Qué hay tras esta aparente unanimidad?

 

El diagnóstico y las propuestas

Desde las propuestas de descentralización de la economía chilena de Beatriz Sánchez y Alberto Mayol, se ha señalado la necesidad de aumentar la participación de las PYMES generando una mejor distribución del capital, y que apoyarlas permitiría desconcentrar las decisiones económicas en el marco de un nuevo modelo de crecimiento en el que se desarrollen nuevas áreas productivas[i]. Desde este diagnóstico, las propuestas programáticas  apuntan a un mayor fomento productivo a este tipo de empresas, a través de la entrega de créditos blandos para el acceso al sistema financiero, mayores capacitaciones, y un fortalecimiento del encadenamiento productivo entre pequeñas, medianas y grandes empresas.

Desde el lado opuesto, las perspectivas ”meritocráticas” de Felipe Kast defienden el fortalecimiento a las PYMES en línea con el mantenimiento y perfeccionamiento del valor de la competencia como principal virtud del modelo económico, otorgándoles a los “emprendedores” un acceso efectivo al capital e implementando medidas de tributación simplificadas para las PYMES[ii].

Como se observa, a pesar de que existen argumentos éticos divergentes respecto al fortalecimiento de las PYMES en cuanto fuente de competitividad y dinamismo de la economía, la idea de que “las PYMES mueven a Chile”, frase instaurada por el ex Ministro de Economía Luis Felipe Céspedes del año 2016, pareciera ser una noción que transciende a los sectores políticos, mostrándose en esto cierta confluencia entre posiciones contendientes.

Desde la línea “Trabajo, salario y capital” de CIPSTRA, nos hemos propuesto analizar concretamente la realidad de las PYMES en el país, el rol que cumplen en el modelo económico chileno, las características de sus trabajadores y las condiciones de empleo que se ofrecen en este tipo de empresas tan referidas por políticos y candidatos. Aquí expondremos brevemente algunos aspectos preliminares de esta exploración en curso. Concretamente, nos preguntamos ¿cuál es el aporte que realizan las PYMES a la economía y al desarrollo del país?, ¿cómo son las condiciones de trabajo y empleo al interior de las PYMES?

 

La realidad actual  

Tradicionalmente, las PYMES han sido clasificadas según dos criterios: los ingresos anuales por ventas en UF (unidades de fomento), y el número de trabajadores que tiene cada empresa. La Ley 20.416 (Estatuto PYME) retoma ambos criterios e identifica los tipos de empresa según los tramos de venta y trabajadores que se detallan en la tabla. No es difícil concluir a partir de esa clasificación que bajo el concepto de “PYME” se incluyen unidades muy heterogéneas en su tamaño, considerando tanto las ventas como el número de trabajadores: no es lo mismo vender anualmente $65 millones o $2.600 millones, ni tampoco es siquiera parecida la realidad de una empresa con 10 trabajadores a otra con 180, por ejemplo. No obstante, el simplificado debate de la agenda pública tiende a homologar la heterogeneidad, quedando estas empresas bajo la misma denominación y análisis.

 

Cuadro 1. Tipos de empresas según diferentes criterios

Tamaño Ventas (UF) Ventas (millones de pesos a septiembre 2017) Trabajadores
Microempresa 0-2.400 Hasta $63,9 0-9
Pequeña 2.400-25.000 $63,9 –  $665,2 10-49
Mediana 25.000-100.000 $665,2 – $2.660,6 50-200
Grande Más de 100.000 Más de $2.660,6 Más de 200

 

Otro aspecto en el cual las PYMES son altamente heterogéneas es en la función económica que cumplen: algunas responden directamente a las necesidades de empresas grandes y están encadenadas a ellas (por ejemplo, una mediana empresa de camiones que presta servicios exclusivamente a una gran empresa forestal), mientras que en otros casos el tamaño tiene que ver con una estrategia donde la gran escala no es lo más conveniente (por ejemplo, una empresa de jugos premium, como la que analizamos hace algunos años en la región del Maule)[iii]. En algunos casos se trataría de pequeños emprendimientos que han logrado “dar el salto” gracias a un éxito comercial producto del desarrollo de innovaciones (el ejemplo típico de los reportajes en los noticieros), mientras que en otros casos se trata de fragmentos de grandes empresas que convenientemente, para efectos legales, separan sus actividades comerciales en varios giros, lo que se conoce como multirut, utilizado para eludir el cumplimiento de derechos de los trabajadores, como el derecho a sala cuna en el caso de las madres, o para rotar trabajadores entre empresas para evitar la contratación indefinida, o también para distribuir los ingresos de la empresa entre varias más pequeñas con el consecuente beneficio tributario.

Según los datos del Servicio de Impuestos Internos[iv], al año 2015 existían cerca de 191 mil empresas pequeñas y algo más de 28 mil empresas medianas clasificadas según ventas, sumando casi 220 mil PYMES, lo que representa un 24% de las empresas que registraron ventas durante ese año. La mayor cantidad de empresas formales que registraron ventas en 2015 se encuentran en el segmento de microempresas, con un 74,5%. Respecto a las ventas, el mismo 2015 las PYMES participaron sólo con un 13% del total de ventas (valorizadas en UF), mientras que las grandes empresas concentraron el 85%.

Por su parte, a partir de los datos de la Cuarta Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE4) del año 2016[v], se ha calculado la productividad laboral por tamaño de empresa (valor agregado generado anualmente por cada trabajador), observándose que en la gran empresa la productividad por trabajador es 4 veces superior a la productividad en la pequeña empresa y 2,2 veces la productividad en la mediana empresa.

Respecto al empleo, según los últimos datos de la Encuesta Nacional de Empleo publicados, correspondientes al trimestre mayo-junio de este año, del total de ocupados el 26,3% se encuentra empleado en una PYME, mientras que otro 34,5% lo hace en una gran empresa y el restante 39,3% en una microempresa (dos tercios de los cuales corresponden a trabajadores por cuenta propia). Considerando sólo a los trabajadores asalariados (unos 2 millones en PYMES), se observa que la cobertura de los principales derechos laborales en las PYMES es mayor que en las microempresas, pero menor que en las grandes empresas: el porcentaje de trabajadores de las PYMES con contrato escrito (91%), contrato indefinido (71%), pago de cotizaciones de pensión (82%) y de salud (86%) siempre se encuentra por debajo de lo observado entre los trabajadores de grandes empresas. La diferencia llega a 10 puntos en el porcentaje de trabajadores que tiene vacaciones anuales pagadas (79%) y quienes tienen permiso por maternidad o paternidad (75%). Respecto a la existencia de sindicatos, los datos de la ENCLA 2014[vi] muestran que en sólo el 3,1% de las pequeñas empresas existen sindicatos, proporción que llega al 23,1% en las empresas medianas y al 60,2% en las grandes empresas.

 

Reflexiones finales

Tal como se desprende del análisis sobre la productividad laboral realizado con los datos de la ELE4, las PYMES son las empresas más pequeñas no sólo por el número de trabajadores que contratan y por las menores ventas anuales que registran, sino también porque son las que proporcionalmente realizan una menor inversión en capital, lo que redunda en su menor productividad. Es decir, a pesar de ser empresas con menos trabajadores, son empresas que desarrollan su valorización poniendo más énfasis en el factor trabajo que en el factor capital, en comparación con las grandes empresas. De aquí que las variaciones en la ganancia de estas empresas dependan fundamentalmente del gasto que realicen (o dejen de realizar) en el pago de salarios.

Aparte de su menor productividad, como se ha visto, en las PYMES las condiciones laborales de los trabajadores son generalmente peores que en las grandes empresas, con una mayor precarización del empleo según los indicadores revisados. De este modo, el aporte de las PYMES a la economía del país y al empleo queda en entredicho: si bien representan buena parte de las empresas y emplean a uno de cada cuatro trabajadores dependientes, ni su desarrollo técnico ni la calidad del empleo que ofrecen permite señalar que efectivamente sean “el motor de la economía”.

Una hipótesis que orienta la investigación que realizamos desde CIPSTRA en torno a las PYMES  apunta a que las peores condiciones laborales que en ellas se observan son consecuencia de su menor productividad, y que si en estas empresas los salarios y las condiciones laborales son peores que en las grandes empresas es porque un aumento significativo en los sueldos pondría en riesgo la ganancia de las empresas al punto de amenazar su supervivencia. Es decir, la precarización en las condiciones de trabajo es la forma en que se manifiesta el abaratamiento de mano de obra del cual depende la subsistencia de las PYMES.

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué los programas económicos de sectores tan diversos que se disputan el poder confluyen en torno a las PYMES? Hasta el momento, se pueden abrir dos caminos para comprender esta aparente paradoja.

El primero refiere a la contradicción entre la cantidad de población que emplean y su peso relativo dentro de la economía. Se podría decir que las PYMES son un grupo gigantesco de unidades económicas menos eficientes que las grandes empresas, pero que absorben una cantidad importante de los trabajadores de este país, operando como un colchón frente al desempleo, por lo que no resulta raro que por su masividad sean un elemento programático transversal si se quiere ganar elecciones.

Otro camino consiste en cuestionar la homogeneidad de la categoría PYME, considerando que  según sus diferentes formulaciones, abarca realidades a todas luces heterogéneas en términos de cantidad de ventas o cantidad de trabajadores, reflejando a su vez realidades sumamente diferentes relacionadas a las funciones económicas que puede cumplir dentro la economía del país y a las posibilidades de sus trabajadores de optar a mejores condiciones laborales.

¿Debemos entonces atacar a las PYMES? Un programa político que se ubique del lado de los trabajadores debería proponer una defensa y mejora de sus condiciones independientemente del tipo de empresa en que estos se empleen, pero también debe cuestionar si en las formas en que se da la acumulación de capital en el país se puede vislumbrar un horizonte donde estas condiciones puedan efectivamente mejorarse y defenderse a largo plazo. Por lo tanto, de lo que se trata no es de atacar o defender a las PYMES, sino de la situación de los dos millones de trabajadores que en ellas se emplean; en este sentido, su funcionamiento y las condiciones de empleo que estas puedan ofrecer debiera ser el punto de partida de cualquier discusión sobre su centralidad económica, y no al revés.

 

[i] Programa de Beatriz Sánchez a las primarias del Frente Amplio, 2017.

[ii] Extraído del programa de gobierno de Felipe Kast a las primarias 2017.

[iii] http://cipstra.cl/2017/articulo-cipstra-solidaridad-territorio-y-coercion/

[iv] http://www.sii.cl/sobre_el_sii/empresas_tamano_ventas.html

[v]   http://www.economia.gob.cl/wp-content/uploads/2017/08/Bolet%C3%ADn-productividad-laboral-ELE4.pdf

[vi] http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-108317_recurso_1.pdf