[Columna] El estallido social en Chile y el mundo del trabajo. (I) Jornada Laboral y Transporte Público en Santiago

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Por Luis Cortés

Miembro CIPSTRA


Luego de varios días de movilizaciones constantes, de represión, enfrentamientos con carabineros y militares, y millones de personas protestando en las calles con cacerolas y barricadas, todavía es difícil entender por qué el pueblo chileno ha logrado mover precisamente en este momento todas las fuerzas que no había mostrado antes.

Al respecto se han arriesgado explicaciones de diversa índole: el legado autoritario de la transición a la democracia[1], la transformación de la mentalidad individualista del chileno[2], la formación de un descontento acumulado por años y expresado en distintos movimientos sociales cuyas demandas no fueron satisfechas[3], la continua ofensiva de leyes y medidas antipopulares por parte de la clase política y, como síntesis de todos los males, la extrema desigualdad del país[4]. Curiosamente, la calamitosa situación del mundo del trabajo en el país parece relegada a un lugar secundario de este estallido. En parte esto se explica porque quienes salieron a las calles a manifestarse y especialmente quienes dieron el primer chispazo a todo -los estudiantes secundarios-, no son identificados como asalariados, ni están sujetos directamente a una jornada laboral.

En esta y en las siguientes columnas, se buscará argumentar que el fenómeno se comprende mejor si se analiza desde una perspectiva de clase, es decir, a partir de las condiciones objetivas de explotación a las que se ven sometidos los trabajadores para subsistir. De paso, se espera relevar la actualidad que tiene un enfoque basado en la “lucha de clases”, tantas veces renegada desde la intelectualidad hegemónica en Chile.

¿Todo inició con 30 pesos?

No resulta fácil comprender que un aumento de 30 pesos en el pasaje habría gatillado una explosión social. Una hipótesis es que se trató de la gota que rebalsó el vaso del constante aumento en el costo de la vida[5]. Si bien esto parece lógico, el hecho en sí adquiere mayor sentido si se pone en relación con otros aspectos de la realidad cotidiana que deben experimentar la gran mayoría de los trabajadores en Chile. Uno de ellos es el transporte público que utilizan para trasladarse a sus empleos.

Un primer dato duro lo ofrece la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) realizada el año 2015. En esta, se indica que en promedio cada trabajador/a ocupa 9,38 horas diarias en su trabajo durante la semana, lo que incluye el tiempo de ida y vuelta; en la Región Metropolitana el promedio sube a 9,71 horas. Si la jornada de trabajo legal y más común es de 8 horas, resulta evidente que las casi dos horas de diferencia se deben en buena medida a los tiempos de traslado.

Lo anterior se corrobora en el estudio de Satisfacción de Operadores (2018) que publica anualmente el Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM)[6]. De acuerdo a este informe para el año 2017, el promedio por viaje de los santiaguinos fue de 47,3 minutos. Del total, un 36,2% de las personas afirmó demorarse más de una hora en llegar a su destino, mientras que un 24,4% indicó que sus viajes diarios duran entre 30 y 44 minutos. Con ello, ya se podría sostener que el transporte representa poco más de un 15% de la jornada laboral para un gran sector de la población, pero la verdadera dimensión del problema se observa cuando se sale de la famosa trampa de los promedios, muy utilizada para camuflar la desigualdad, y que esconde la duración de los viajes en las horas punta, que son las que deben afrontar dos veces al día los trabajadores de las comunas populares más periféricas (y otras no tanto) de Santiago.

De acuerdo a un estudio en el que se cruzaron datos de la DTPM[7], en la hora punta de la mañana (de 6:30 a 8:30) el tiempo de viaje del recorrido 303 (Plaza Italia-Quilicura) aumenta de 33 minutos en promedio a 1 hora y 24 minutos (alza de 159%). Por su parte, el recorrido 302 entre La Pintana y el metro Santa Ana, pasa de 40 minutos a poco más de 1 hora y media (un aumento del 130%); el recorrido 104, entre Mall Plaza Tobalaba y Providencia, de 37 minutos a una 1 hora y 25 minutos (129%). Así ocurre, en menor o mayor medida, con todos los paraderos de Santiago.

Trabajo, transporte y malestar social

Pero a estos datos habría que agregarles una consideración adicional, ya que además de alargarse el tiempo de traslado, las condiciones del transporte lo convierten en un momento de suma molestia subjetiva para los trabajadores. Al exasperante tiempo de espera, se suma el ambiente asfixiante de micros y metro (tanto más incómodo para las mujeres, que se ven expuestas a situaciones de acoso), la inexistencia de baños[8] y otros servicios y, por supuesto, el cada vez mayor costo de la tarifa. Todos estos elementos le dan forma a un evidente malestar que se incorpora como una carga más a las condiciones laborales que deben vivirse en los lugares de trabajo, con casi nulas posibilidades de sindicalizarse y salarios que no alcanzan para llegar a fin de mes, generando un endeudamiento obligado.

No es casual, si se mira desde esta perspectiva, que entre el año 2017 y marzo de 2019, se hayan arrojado por lo menos 54 personas a las vías del metro, 20 de las cuales fallecieron mientras que el resto quedó gravemente mutilado. En total, el 55% de las víctimas tiene entre 18 y 30 años. Y los suicidios parecen ir en aumento: solo desde el inicio del 2019 hasta marzo se reportaron 11 casos consumados[9].

Ahora bien, ¿cómo expresa un trabajador su descontento con esta situación? ¿Cuál es “la forma correcta” para protestar cuando algo que perjudica tu calidad de vida y cuyo uso resulta obligatorio? ¿Y qué hacer si además tienen el descaro de aumentar su costo por decisión de un “panel de expertos” que, desde luego, jamás ha utilizado el transporte público? A falta de soluciones reales, lo más común es que el/la trabajador/a promedio acumule malestar en forma de estrés o depresión, muchas veces consumiendo fármacos con o sin orientación de un especialista, pero también se expresa en irritabilidad en el lugar de trabajo y en la familia, en un deterioro de las relaciones sociales que a su vez afecta a los hijos. Mismas hijas e hijos de trabajadores que, desde su condición de estudiantes secundarios, dieron el primer paso al evadir colectivamente el metro, arrastrando con su ejemplo rápidamente a personas de mayor edad.

Viéndolo así, no parece tan extraña la “sorprendente masa de agitadores en redes sociales aplaudiendo eufóricos la evasión del más sustentable, eficiente y querido sistema de transporte de Santiago”[10], y en cambio parece difícil que estos los adultos se sientan generacionalmente molestos con aquellos que se “cuelgan del movimiento para hacer destrozos”[11].

En suma, al menos la causa inmediata del estallido social no representa un elemento simbólico ni subjetivo ajeno a la clase trabajadora. Al contrario, es una de las experiencias materiales más íntimamente sentida por ella: el sistema de transporte de Santiago prolonga e intensifica la miseria diaria del trabajo. El aumento de 30 pesos quizás no era tanto un golpe al bolsillo, como un golpe a la dignidad mancillada del mundo del trabajo.


[1] https://ciperchile.cl/2019/10/27/el-reventon-social-en-chile-una-mirada-historica/

[2] https://www.elmostrador.cl/destacado/2019/11/01/la-revuelta-de-octubre-una-crisis-de-la-subjetividad-neoliberal-chilena/

[3] https://ciperchile.cl/2019/10/29/las-raices-de-la-conflictividad-y-radicalizacion-de-la-protesta-en-chile-lo-que-sabemos-y-lo-que-no/

[4] Así lo ha tratado en especial la prensa extranjera, paradigmáticamente el New York Times: https://www.nytimes.com/2019/10/22/opinion/chile-protests.html?fbclid=IwAR0vBq4U71f-uoY_EZ6dl4FQ0iEegnmQ1MSZsyGRhazydOVgAU8dfOmiDTU

[5] Ciper ha realizado un interesante reportaje que recoge la sumatoria de alzas del periodo inmediatamente previo a la explosión: https://ciperchile.cl/2019/11/01/luz-agua-ges-metro-tag-arriendos-y-contribuciones-el-tren-de-alzas-que-asfixio-a-los-chilenos/

[6] https://www.t13.cl/noticia/nacional/estres-y-tiempos-viaje-36-personas-pasa-mas-20-dias-al-ano-transporte-publico

[7] https://corporativo.mapcity.com/prensa/transantiago-en-tacos-de-hora-punta-tiempo-de-viaje-en-buses-sube-hasta-159/

[8] Este debate en particular se planteó por el caso de una persona que tuvo que orinar en un andén: https://www.chvnoticias.cl/sucesos/faltan-banos-en-el-metro-el-debate-que-genero-un-hombre-que-orino-en-pleno-anden_20190206/

[9] https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/suicidios-en-el-metro-el-dolor-subterraneo/823581/

[10] https://www.latercera.com/opinion/noticia/adultos/864589/

[11] http://revistadefrente.cl/diputado-pablo-vidal-rd-critica-evasion-masiva-por-danos-a-torniquetes-del-metro/