[Columna] La huelga general del 12 N, balance y desafíos futuros

Por CIPSTRA,

Observatorio Sindical

Publicada originalmente en Revista ROSA.


La vorágine de las últimas semanas pudo haber hecho olvidar rápidamente un hito que sin duda fue histórico: la Huelga General del 12 de noviembre. En dicha jornada Chile vivió su mayor paralización de actividades en al menos 45 años, agudizando la crisis provocada por el estallido social iniciado el 18 de octubre y apuntalando la alineación de los partidos de oposición a favor de una Asamblea Constituyente, que junto con la decisión de los militares de no apoyar un nuevo estado de emergencia, terminó de aislar al gobierno obligándolo a buscar rápidamente un acuerdo en el Congreso para avanzar hacia una nueva Constitución. Por estas razones, y para contribuir a la evaluación de las formas de acción y métodos de la lucha del movimiento sindical, consideramos necesario hacer un balance más exhaustivo del evento. Esta tarea se llevó a cabo desde el Centro de Investigación Político Social del Trabajo (CIPSTRA) mediante un análisis de prensa, redes sociales e informantes claves, elaborando un informe sobre el “Balance de la Huelga General del 12N[1]. En esta columna, resumimos algunos de sus principales hallazgos.

En términos generales, se destaca la masiva participación que hubo en la huelga, la cual se extendió más allá de los trabajadores sindicalizados, por lo que se podría considerar como una huelga de la clase trabajadora más que una huelga propiamente sindical. Esto es novedoso, considerando las debilidades estructurales con que ha convivido el sindicalismo de postdictadura, tanto por su fragilidad y fragmentación, como por las restricciones al ejercicio de la Huelga. El éxito de la huelga se logró principalmente por tres motivos.

En primer lugar, el contexto de politización y movilización que vive Chile por estos días facilitó la participación de otras organizaciones, movimientos sociales no laborales y trabajadores no sindicalizados en la jornada de protesta. Dicho contexto ha repercutido también en las jornadas laborales, que llevan más de 20 días funcionando de manera reducida por los problemas de transporte y seguridad, forzando a que muchas empresas cierren antes para que los empleados puedan volver a sus hogares.

Un segundo motivo se encuentra en la amplitud de las organizaciones sindicales que participaron en dicha jornada. Lo novedoso de esta huelga general consistió en la unidad en la acción que exhibieron varios de los principales sindicatos del país, cuya convocatoria fue posibilitada por la existencia de la Mesa de Unidad Social y el extraordinario momento histórico. En este sentido, se puede afirmar que la jornada permitió posicionar con fuerza a este referente que reúne a las organizaciones más representativas de la sociedad civil en la actual coyuntura, contribuyendo a perfilarlo como interlocutor legítimo ante el Estado. El desafío en este sentido no es otro que tomarle el peso a esta instancia de unidad en la acción, y profundizar su desarrollo evitando a toda costa su quiebre por muchas diferencias que seguramente existen en su interior.

En tercer lugar, se destacan las acciones complementarias a la huelga donde participaron otros actores no sindicalizados. El uso de tácticas disruptivas cortó los flujos de personas y mercancías en las principales avenidas tanto de Santiago como de una gran cantidad de ciudades a lo largo del país. En particular, llaman la atención por su efectividad la barricada y los cortes de ruta desde la madrugada, además del corte de acceso a algunos centros de trabajo de gran relevancia, como la mina de Chuquicamata en Calama, la termoeléctrica Guacolda en Huasco o los criaderos de salmón en Quellón, logrando la interrupción de la producción por algunas horas y en algunos casos por todo el día. Ello permitió que hubiese una paralización indirecta o que las jornadas laborales comenzaran con retrasos. En regiones el efecto disruptivo fue más radical, paralizando todo el transporte urbano en ciudades como Antofagasta o Coquimbo. También se observaron caravanas de vehículos que marcharon lentamente en algunas autopistas. Además, se destaca la efectividad del paro en 25 puertos del país que interrumpió entre dos y tres turnos el flujo de importaciones y exportaciones, y la reaparición de los trabajadores de la construcción en megaobras licitadas por el Estado.

Por último, la huelga general evidenció algunas problemáticas y desafíos para la organización sindical. La relevancia de acciones de protesta no laborales que interrumpieron el libre tránsito enfatiza un problema crucial: la debilidad y/o fragmentación del sindicalismo en algunos sectores como el transporte público metropolitano. En efecto, al tratarse de un sector estratégico que permite sumar a la protesta mayores contingentes de trabajadores, se debiese buscar su fortalecimiento y participación en las acciones del movimiento social. Además, un segundo desafío que se abre es la amplificación del rango de alcance de las principales organizaciones sindicales hacia las empresas medianas y pequeñas, que cuentan con un porcentaje de afiliación considerablemente menor que el de las grandes empresas.

En síntesis, el despliegue no significa que el sector sindical sea más fuerte, aunque sí se observan pistas para su fortalecimiento. Si bien muchos han relativizado la relevancia del sindicalismo como agente del cambio social, el éxito de esta huelga evidencia que la organización de los trabajadores mantiene una potencia fundamental. Esto se debe a su capacidad disruptiva y el consecuente impacto de la paralización de los trabajadores. En ese sentido, su actuar en el movimiento social más general sigue siendo central para la transformación social, a pesar del menor peso relativo en comparación con otro tipo de organizaciones sociales.


[1] http://cipstra.cl/2019/balance-huelga-general-12n/