El aislamiento de las movilizaciones del sector comercio y la espiral ascendente de precarización

El aislamiento de las movilizaciones del sector comercio y la espiral ascendente de precarización

Por Fernando Baeza y Carla Brega
Miembros CIPSTRA

 

 

Durante este año, diversos sectores de trabajadoras y trabajadores se han movilizado exigiendo el cumplimiento de sus demandas, en la mayoría de los casos relacionadas con condiciones laborales mínimas, incumplidas por las grandes empresas nacionales y transnacionales del país. Sin embargo, algunas huelgas o movilizaciones han tenido bastante más apoyo que otras, tanto desde organizaciones sindicales como de distintas organizaciones sociales, estudiantiles e incluso de intelectuales que integran proyectos enfocados en la transformación social. Esto se ha evidenciado, entre otros aspectos, en la desigual repercusión mediática de la que han gozado los distintos conflictos; por ejemplo, mientras la movilización de los portuarios llamó fuertemente la atención de los medios de comunicación masivos, las diversas movilizaciones del retail han pasado desapercibidas, frustrando el esfuerzo de difundir mediáticamente sus demandas y conseguir apoyo a sus movilizaciones “concientizando” a los clientes.

Lo anterior no es de extrañar si consideramos que las pérdidas “para el país” que ocasionan las movilizaciones del retail son inmensamente menores a las producidas por los trabajadores de lo que hemos llamado “sectores estratégicos” para la economía. En este sentido, que paralicen empresas como Ripley o H&M poco le importa al poder en comparación con la paralización de CODELCO, el puerto de Mejillones o el de San Antonio. La desigual importancia otorgada a una y otra paralización, se corresponde con dos tipos de trabajadores con condiciones muy diferentes, que podríamos resumir en un polo precarizado (ejemplificado en el comercio), y un polo integrado (del sector minería, por ejemplo).

Además de las variables objetivas que separan a los sectores precarizados y los más integrados -como nivel de salarios, tipo de contrato, seguridad y estabilidad laboral, entre otros-, se observan también diferencias profundas en las capacidades organizativas que tienen, y que quedan claramente graficadas en las experiencias de este 2013: aquellos con peores condiciones laborales son también quienes tienen los más bajos niveles de afiliación sindical y negociación colectiva, produciéndose así una “espiral de precariedad ascendente”, marcada por la incapacidad de éstos para defender los escuálidos derechos laborales que les quedan o, mucho menos, avanzar hacia una mejor situación en el empleo.

A lo largo del presente año, se sucedieron varios conflictos sindicales que representan aproximadamente los polos opuestos de esta segmentación. Por un lado, entre los meses de marzo y abril, los obreros portuarios, con el apoyo de los mineros, se movilizaron exitosamente a lo largo del país durante 20 días; por otra parte, a partir de agosto trabajadores de diversas empresas del retail se movilizaron por hasta 50 días, con resultados muy disímiles a los obtenidos por los primeros. Una comparación de los procesos, las demandas y los resultados de unos y otros ilustra de buena forma la diferenciación a la que hemos hecho referencia y a la gravedad de la situación.

En el sector minero, como  ejemplo del polo integrado, las/os trabajadores/as levantaron demandas durante este año relacionadas con la mantención de la propiedad estatal de CODELCO, el fin del subcontrato y de los despidos masivos, así como la mejora en la gestión empresarial y las condiciones laborales. La paralización conjunta de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC) y la Federación Minera de Chile (FMC) en apoyo a los portuarios también planteó como demandas el aumento de las pensiones, la mantención del sistema de salud en el sector estatal y mayor estabilidad laboral, sobre todo entre los subcontratados, que reciben en promedio salarios un 70% inferiores a los de planta. Antes del histórico paro portuario de fines de marzo y principios de abril que concluyó exitosamente con la obtención de la media hora legal de colación y la reintegración de los dirigentes sindicales despedidos al comienzo del conflicto, los trabajadores de la Unión Portuaria de Bio Bio y de San Antonio, con “sólo” una semana de movilizaciones en octubre de 2012 habían conseguido importantes ganadas como la devolución de varios años de impuestos injustos, la jubilación anticipada con pensiones base de dos salarios mínimos, entre otras.

Sin embargo, entre los pasados meses de agosto y octubre, el escenario del “otro polo” de la segmentación laboral era distinto. Por más de 50 días se mantuvieron movilizados los miembros del sindicato inter-empresa RENDIC de supermercados Montserrat, exigiendo un aumento del sueldo base, dignidad en el trato laboral, igualdad en las condiciones sindicales y respeto por la jornada laboral. Durante agosto, por 14 días un sindicato de Ripley se mantuvo en huelga exigiendo un aumento de los salarios base que terminó de mala manera, pues el bono de término de conflicto fue menor a lo perdido en los días de huelga -no remunerados- y el reajuste alcanzó apenas a los $2.000 entregados a través de bonos. Mientras el país celebraba las fiestas patrias, los trabajadores y las trabajadoras del SINTRABOS (sindicato de bodegueros de Sodimac), sostenían una huelga que se extendió por 40 días, tras la cual se obtuvieron sólo pequeños reajustes salariales de aproximadamente $10.000, y sin la modificación del contrato colectivo vigente. Otro caso es el del joven sindicato de la recientemente instalada en Chile H&M, que se mantuvo por 15 días en paralización mientras que muchos miembros apoyaron incluso acampando frente a la multitienda (ubicada en el Costanera Center, símbolo del “éxito” del retail) logrando ganar en parte su petitorio, que incluía mejoras salariales (mínimo de $17.000 de aumento al sueldo base) y en la jornada de trabajo, además de un aumento de los bonos por productividad, consecuentes con el éxito que ha tenido la multinacional de origen sueco.

Como se puede apreciar en las demandas de diversas organizaciones aludidas, lo que para los sectores integrados -y estratégicos para la economía del país- es el piso de negociación, para los precarizados constituye prácticamente el techo de la misma, imposibilitados de ir más allá sin conquistar las condiciones básicas de trabajo. Así, entre unos y otros se levantan enormes muros de expectativas y demandas que obstaculizan la organización solidaria de una sola clase.

Los factores que dividen tan fuertemente a los precarizados de los integrados, se pueden encontrar en el ámbito legal, por el marco regulatorio de las relaciones laborales generales como por la normativa específica de cada sector; y en la posición particular de los trabajadores en el proceso productivo, distinguiéndose entre los pertenecientes a los sectores estratégicos-tradicionales y los de sectores secundarios-emergentes, siendo históricamente predominante entre estos últimos la fragmentación productiva y la segmentación laboral, mientras que los primeros se caracterizan por una tradición organizativa mayor y una alta productividad del trabajo que les permite presionar de mejor manera.

Movilización retail
Movilización de trabajadores y trabajadoras de RIPLEY

Otros factores determinantes son las posibilidades objetivas de la organización, que aumentan con la estabilidad laboral, el contrato indefinido y la unidad física y legal de la empresa, así como también se incrementan los recursos de los sindicatos en la medida que los sueldos de los afiliados son mayores, además del acceso más expedito de los trabajadores integrados al apoyo de organizaciones especializadas en la producción y difusión de conocimiento para enfrentar los conflictos, mejorando sus posibilidades de éxito. También es clave notar la distinción según la identificación subjetiva del trabajador con su empleo y su organización respectiva, que se acentúa entre los integrados por la mayor permanencia en una misma empresa y las posibilidades de mejorar las condiciones laborales, mientras que entre los precarizados predomina la rotación y la consecuente sensación de estar permanentemente “de paso” por los distintos puestos y empresas, a lo que se suma la moral baja por las experiencias de conflictos y demandas que han terminado mal para ellos en el pasado.

El 70% de los trabajadores del retail recibe menos de $300.000 por su trabajo, y el promedio de ingresos es aún menor a la media nacional. Además, este sector tiene uno de los niveles de precariedad más altos, al mismo tiempo que una de las más bajas tasas de afiliación sindical, una combinación que comparte con la fuerza de trabajo agrícola y de la construcción. Ellos valen para el capital aun menos que el resto de los obreros del país. Son “menos productivos”, por lo que ameritan menores sueldos y peores condiciones laborales. Sus huelgas y demandas no son ni serán tema central en los noticieros, tampoco generarán impacto en el funcionamiento cotidiano de la economía, y sus conflictos seguirán pasando desapercibidos para el poder y sus instituciones.

En su afán de ganancia, el capital excluye a la masa trabajadora de participar de la riqueza social que produce, y esto se radicaliza en el caso del polo precarizado. Bajo ninguna circunstancia el movimiento obrero puede replicar estas lógicas que el neoliberalismo ha producido entre “trabajadores de primera y segunda clase”; el valor que un/a trabajador/a genera para el capital no puede ser igual al valor que tienen sus luchas y demandas para quienes se dicen revolucionarios.

A modo de conclusión, destaca la creciente necesidad de un desarrollo amplio y profundo de la solidaridad sindical. En primera instancia, como una estrategia para que los conflictos del movimiento en las áreas más precarizadas logren desarrollarse a su favor, procurando así una nivelación “hacia arriba” de sus demandas, donde las condiciones laborales mínimas ya no sean el “tope” de las exigencias a la patronal. En este sentido es que para el avance de las condiciones laborales de la clase trabajadora, es fundamental acabar con la desigualdad y la segmentación laboral que se observa actualmente en su interior.

Asimismo, la solidaridad creativa entre organizaciones de trabajadores aparece como un valor fundamental para la construcción de una clase con conciencia política y no sólo gremial. Esto se manifiesta en las nuevas formas de organizaciones inter-empresas que surgen en torno a las cadenas productivas, a la base territorial compartida o incluso aglutinando a organizaciones de empresas de diversos sectores, con distintas condiciones y demandas puntuales, pero que comparten los mismos capitales, como la Coordinadora de Sindicatos del Grupo Luksic.

Finalmente, es importante que en todos los casos el apoyo de los sindicatos más “avanzados” hacia los menos debe ser con espíritu solidario y de construcción de un sindicalismo horizontal en su interior, sin caer en el paternalismo, basado siempre en el empoderamiento general de cada organización de trabajadores del país, independiente de sus condiciones, de su empresa, u otras características que sean motivo de distanciamiento entre ellos y ellas.

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