Sindicalismo y Género: notas para la discusión

Loreto Quiroga y Daniela Soto

(La presente columna es la primera de una serie de reflexiones que se desprenden de la investigación llevada a cabo recientemente por CIPSTRA en conjunto con otras organizaciones, acerca de la inserción laboral de mujeres en sectores estratégicos de la economía. Esperamos de este modo aportar, desde una perspectiva feminista, al conocimiento y la discusión de la situación y los desafíos del sindicalismo ante el creciente involucramiento de las mujeres en el mundo del trabajo. También invitamos a revisar las anteriores columnas referidas a estos temas: Trabajo y Género 1, Trabajo y Género 2, Trabajo y Género 3)

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Quizás uno de los riesgos más grandes de aspirar a la igualdad entre hombres y mujeres –aun cuando es una búsqueda necesaria y no transable- está en dejar de observar las potencialidades de ciertas diferenciaciones culturales entre lo femenino y lo masculino. Esta columna busca proponer una forma de re-evaluar ciertas características asociadas a los géneros y mirarlas pensando en la utilidad de éstas para fortalecer las organizaciones de trabajadores.

En este sentido, hay que destacar una cosa: no estamos diciendo que ciertas actitudes sean inherentes al “ser mujer” o “ser hombre”, sino que las mujeres y los hombres han sido educados desarrollando características o habilidades diferentes que sin duda se podrían complementar para formar seres humanos y organizaciones más íntegras que construyan futuro en pos de superar la relación de dominación que cruza hoy a la humanidad.

Dentro de una investigación en la que participamos como CIPSTRA sobre la inserción laboral de mujeres en sectores tradicionalmente masculinos (como minería y puertos), identificamos que buena parte de los afiliados y dirigentes miran la forma de trabajo femenina como perjudicial porque, en su visión, ésta tendería a ser más respetuosa de la seguridad, más cuidadosa en los procedimientos y por lo tanto más lenta. A veces más responsable, a veces sólo entorpecedora para la dinámica productiva del cumplimiento de metas. Metas que de hecho son impuestas por la gerencia y asumidas por los trabajadores/as dentro de la faena aun cuando, en estos casos, deban poner en riesgo sus vidas.

“A varios
dirigentes se
les preguntó
cuál creían
ellos que era
el aporte
particular de
las mujeres a
los sindicatos.
Ninguno, dijo
la mayoría.
“Como todos
los socios es
importante
que paguen su
cuota y que
asistan a las
reuniones o
asambleas”,
cuestión que
desde luego
no sorprende
en un contexto
donde prepondera
una visión
limitada de lo
que se espera de
la participación
sindical”

A varios dirigentes se les preguntó cuál creían ellos que era el aporte particular de las mujeres a los sindicatos. Ninguno, dijo la mayoría. “Como todos los socios es importante que paguen su cuota y que asistan a las reuniones o asambleas”, cuestión que desde luego no sorprende en un contexto donde prepondera una visión limitada de lo que se espera de la participación sindical, pero que de todos modos pierde de vista varios elementos que sería importante desarrollar en los sindicatos.

Un buen ejemplo de esto lo destacan los mismos trabajadores cuando profundizan en el aporte de sus compañeras al entorno de trabajo. En este ámbito se valora en general la afabilidad y buena disposición. Ellas mismas señalan convertirse en las confidentes de los problemas de sus compañeros y en sus consejeras. Además, ellos valoran la contribución de ellas al respeto entre compañeros porque la presencia de mujeres disminuiría los tonos fuertes y los garabatos en el trato. Considerando esa valoración, sería interesante ahondar en lo que estas características –independiente de si son desarrolladas por hombres o por mujeres- traen al funcionamiento del sindicato.

Usualmente los trabajadores señalan que no se sienten parte del sindicato, que no se sienten escuchados ni tomados en cuenta –sobre todo porque desde las bases se suele cuestionar la lealtad de los dirigentes para con sus intereses-, que no hay una comunicación fluida, entre otros aspectos. El sindicato no se piensa ya como un espacio para emprender proyectos colectivos. Es aquí cuando esas características feminizadas como escuchar, valorar, respetar y dar más cabida a diferentes opiniones, podrían considerarse un elemento importante que las organizaciones de trabajadores deben fortalecer. Si las personas no se sienten parte de la organización que están construyendo, ¿por qué se van a quedar? ¿Por qué harían un trabajo activo si son constantemente excluidos o no valorados? ¿Por qué espacios como éste permitirían la construcción de un movimiento social fuerte que se levante frente a los abusos del sistema?

Este proceso de investigación levantó una serie de reflexiones en el equipo pues aun cuando el aporte femenino no está sólo en estos rasgos objetivados (como mayor seguridad), tampoco buscamos reproducir la idea de que las mujeres sólo son un aporte social en lo que “ellas saben hacer” (comunicaciones, afectos, crianza, cuidados, etc.). Más bien la propuesta tiene que ver con ponderar cuáles son los mejores aportes de cada una de esas construcciones culturales y usarlas de manera colectiva (más allá del género) para el fortalecimiento del movimiento sindical. Y es que justamente estas características “integradoras” y respetuosas que se asocian a las mujeres son claves cuando se piensa en construir comunidad.

Sumado a lo anterior, fue posible ver la problemática aún mayor que enfrentan estas mujeres en lo relativo a la maternidad. No sólo son más lentas, sino además son trabajadoras menos confiables puesto que en cualquier momento pueden quedar embarazadas y dejar sus compromisos de forma temporal o permanente. Desde los discursos femeninos, parecen no existir trabajos que hagan agradable el proceso completo de tener hijos/as. Asumiendo por supuesto que esto no es sólo responsabilidad de las madres y que, por lo demás, se identifican medidas aún peores para el desarrollo de la crianza por parte de los padres.

“Toda vez que
un sindicato se
propone defender
a sus trabajadores/as
y recuperar su
bienestar, debe
al menos partir
por practicar formas
de vinculación que
permitan comprender
al otro/a, entender
sus necesidades,
escucharlo, dar
cabida a diferentes
opiniones y
construir espacios
de desarrollo y
aprendizaje colectivo.
Estas medidas
necesarias deben
convertirse en
demandas no sólo
de las trabajadoras
sino de sus pares
y de todos aquellos
que viven de su
propio trabajo”

Dadas las dinámicas y condiciones productivas en estos sectores “estratégicos”, los riesgos y ubicaciones espaciales de las faenas se vuelven temas relevantes. Sobre todo en minería, la mayor parte de estos lugares de trabajo requiere desplazamientos largos y además vivir lejos de la familia por varios días e incluso semanas. Esto es complicado para los trabajadores mineros y sus familias, pero a pesar de los arreglos que se han hecho (turnos especiales, salas cunas casi inexistentes o compensaciones menores), la dificultad de conciliar maternidad y trabajo no está ni cerca de superarse aun cuando se sigan firmando convenios o tratados que a la hora de la verdad parecen no valer nada.

En el caso de puertos las cosas no son mejores, a pesar de no operar en base al mismo sistema de turnos o encontrarse más cerca de las zonas urbanas. Las condiciones productivas que requieren turnos las 24 horas, implicando turnos nocturnos diariamente, sumado a condiciones extremas de frío y humedad, el peligro al que se exponen dentro de los terminales y los a veces escasos elementos de protección personal hacen de éste también un lugar complejo para una madre reciente. Evidentemente estas condiciones laborales tampoco son saludables para los compañeros de trabajo, pero como ya hemos señalado todo parece indicar que mientras los tiempos de la reproducción vayan en contra de los de la producción, al empresariado no le interesará demasiado. Justamente aquí corresponde llamar la atención: a todos como trabajadores sí debe importarles, esas son sus parejas y/o sus hijos/as o sus compañeros/as. Aquí es donde los sindicatos tienen desafíos enormes, éste es un problema de respeto y dignidad y nos afecta a todos/as.

A la luz de lo anterior identificamos un potencial transformador que radica en valorizar estas cualidades “integradoras” que reconocen las emociones y la importancia del bienestar, en tanto permiten cuestionar la base de la explotación del ser humano por el ser humano en función del derecho al bienestar de la población como condición mínima para la existencia, sobre la cual no puede imponerse la productividad del capital: ¿para qué es este mundo? ¿Para acumular más capital o para que vivan las personas? Y si es para las personas, ¿por qué puede ser más importante la productividad que la seguridad de los/as trabajadores? Tan encerrados estamos en que las cosas “ya funcionan de un modo” que hemos dejado de cuestionarnos qué pasa si ese modo no nos gusta. Qué pasa si estamos hartos de la explotación y la dominación entre clases y géneros. El mundo se construye en base a las personas, y en base a sus derechos y su dignidad es que debe regirse.

Por lo tanto, toda vez que un sindicato se propone defender a sus trabajadores/as y recuperar su bienestar, debe al menos partir por practicar formas de vinculación que permitan comprender al otro/a, entender sus necesidades, escucharlo, dar cabida a diferentes opiniones y construir espacios de desarrollo y aprendizaje colectivo. Estas medidas necesarias deben convertirse en demandas no sólo de las trabajadoras sino de sus pares y de todos aquellos que viven de su propio trabajo. Cuestión que sin duda incluye a hombres tanto como a mujeres. Con esto presente se puede construir hacia adentro para plasmar hacia afuera, para lograr cambios reales.

En este sentido, valorizar el aporte femenino no sólo implica valorizar a las compañeras sino que también abre una oportunidad de desarrollo de conciencia de la clase trabajadora donde hay más capacidad de pensar los sindicatos como organizaciones que vayan más allá del pago de cuotas y de asambleas informativas. Donde el sindicato pueda ser un espacio de construcción colectiva, que permita generar momentos de encuentro donde todos se sientan partícipes y donde se identifiquen y aúnen los intereses fundamentales de los/as trabajadores/as y sus familias: un mundo más justo para todos/as y no para unos pocos.

Quizás la distancia que los socios sienten respecto de sus dirigencias tenga algo que ver con esto. Dejamos esa incógnita abierta y pensamos que constituye un excelente desafío para el fortalecimiento de todos como trabajadores y de nuestras organizaciones.

 

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